
Hacemos un repaso de las 4 décadas de historia que Carpisa Foods cumple este año de la mano de sus directores generales, Jorge Castelló y Carlos Quintas.
Pregunta: Cumplís 40 años. En un entorno donde muchas empresas desaparecen o se consolidan, ¿qué decisiones de negocio han sido clave para sostener el crecimiento a largo plazo?
Respuesta: Creo que una de las decisiones más importantes ha sido mantenernos fieles a lo que sabemos hacer bien, pero sin quedarnos quietos. Carpisa nació con una vocación muy clara dentro del sector cárnico y, a lo largo de estos 40 años, ha evolucionado desde una empresa centrada en el producto hacia una compañía capaz de aportar soluciones a clientes cada vez más exigentes.
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Ha sido clave apostar por la calidad, la seguridad alimentaria, la especialización y las relaciones comerciales de largo plazo. En nuestro sector, crecer no significa vender más a cualquier precio, sino acompañar a clientes que necesitan fiabilidad, regularidad, adaptación y confianza.
También ha sido fundamental internacionalizarnos, entender distintos mercados y no depender exclusivamente de una categoría, un cliente o un canal. Esa diversificación, tanto geográfica como comercial, ha sido una de las grandes palancas para crecer de forma sostenible.
En el mercado B2B alimentario, la competencia ya no está solo en el producto… ¿En qué crees que se está jugando realmente la diferencia hoy?
El producto sigue siendo la base. Si el producto no funciona, todo lo demás pierde valor. Pero hoy la diferencia real está en la suma de muchos factores: capacidad de respuesta, consistencia, cumplimiento, trazabilidad, flexibilidad y una relación transparente con el cliente.
En B2B, especialmente con cadenas, distribuidores, operadores de restauración o clientes internacionales, el cliente no compra solo un producto concreto. Compra tranquilidad: saber que el proveedor entiende su negocio, cumple los plazos, responde ante incidencias y se adapta cuando el mercado cambia.
La agilidad comercial es cada vez más importante, pero no puede ir separada de una estructura industrial, logística y técnica sólida. La diferencia está en responder rápido sin perder rigor.
Cuando un cliente trabaja con Carpisa, ¿qué parte del valor crees que sigue siendo menos visible pero más determinante a largo plazo?
Probablemente todo lo que ocurre antes de que el producto llegue al cliente. La selección de materia prima, los controles internos, la trazabilidad, la adaptación a especificaciones concretas y la coordinación entre producción, calidad, logística y comercial. Todo eso no siempre se ve, pero sostiene la confianza. En alimentación, especialmente en vacuno, hay mucho trabajo detrás de cada pedido. No se trata solo de fabricar y entregar, sino de entender qué necesita el cliente, anticipar problemas, asegurar continuidad y mantener un estándar homogéneo en el tiempo.
Ese valor invisible es el que hace que un cliente repita. La confianza no se construye con una operación puntual, sino con años
de cumplimiento.
En estos 40 años, ¿cómo ha evolucionado la forma en la que Carpisa decide dónde crecer y dónde no entrar?
Antes las oportunidades se analizaron de forma más reactiva, vinculada a la demanda o a relaciones comerciales concretas. Hoy somos mucho más estratégicos. No todo crecimiento es buen crecimiento. Analizamos si un mercado, cliente o categoría encaja con nuestras capacidades, con nuestra estructura productiva, con nuestros estándares de calidad y con la rentabilidad necesaria para sostener el negocio. También valoramos la estabilidad, la seriedad del cliente y la posibilidad de construir relaciones a largo plazo.
Hay proyectos que pueden parecer atractivos por volumen, pero que no encajan con nuestra propuesta de valor. Saber decir que no también forma parte de una estrategia madura.

En un contexto donde los clientes B2B buscan cada vez más eficiencia en toda la cadena, ¿cómo se traduce eso en decisiones internas?
Se traduce en ser más claros, más ordenados y más eficientes internamente. Los clientes quieren proveedores que simplifiquen, no que compliquen. Eso implica trabajar con una oferta bien definida, procesos comerciales ágiles y una coordinación fuerte entre ventas, producción, calidad y logística. También obliga a profesionalizar la gestión comercial. No basta con vender: hay que entender márgenes, capacidad, planificación, previsiones y evolución del mercado. La estructura comercial debe estar muy conectada con la realidad industrial.
Nuestro objetivo es ser un socio fiable y eficiente, donde cada decisión contribuya a un crecimiento rentable y sostenible.
Mirando al futuro, ¿qué tiene que aportar hoy una empresa como la vuestra para seguir siendo relevante en la siguiente generación de compradores B2B?
Tiene que aportar confianza, especialización y capacidad de adaptación. La nueva generación de compradores B2B es más exigente, analítica y orientada a datos, eficiencia y sostenibilidad. Ya no basta con un buen producto; hay que demostrar capacidad, transparencia y visión de futuro.
Carpisa debe seguir evolucionando en innovación, digitalización, trazabilidad, internacionalización y servicio, sin perder lo que nos ha traído hasta aquí: conocimiento del producto, compromiso con el cliente y una forma seria de hacer las cosas.
Después de 40 años, el reto no es solo celebrar lo conseguido, sino preparar la compañía para los próximos 40 años. Eso pasa por seguir siendo relevantes, atraer talento, invertir en capacidad industrial y mantener una cultura de mejora continua.
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